La Verdad

Una vez, un peregrino, en busca de la Verdad, subió a una montaña y allí rogó a los dioses que le mostraran la Verdad. En respuesta a su petición, un niño se acercó a él y le dijo:

"Yo soy la Verdad que buscas."

Los ojos del peregrino estaban llenos de conmoción. Finalmente, había encontrado la verdad.

"Quédate conmigo", le dijo al niño. "Que te tenga conmigo para siempre."

"No puedo quedarme", contestó el niño. "Aún soy joven, necesito crecer. "

La peregrina, sin entender sus palabras, le preguntó si podía tomar una fotografía. El niño estuvo de acuerdo, y desde entonces, comenzó a caminar por el mundo con una imagen de la Verdad, mostrándola a todos:

"¡Mira lo que tengo conmigo! Es la Verdad! Después de buscar por todo el mundo, ¡finalmente lo encontré! "

Muchos fueron los que siguieron al peregrino, pues él fue el que encontró la Verdad. El único que podía hablar de ello, pensaron.

Años más tarde, una mujer con una expresión serena y una mirada iluminada, se agachó a su lado y preguntó:

"¿Sabes quién soy?"

"No", contestó. "¿Quién eres tú?"

"Yo soy la Verdad", dijo ella con una ligera sonrisa.

"¿¡Crees que puedes engañarme!? Soy el único que ha visto la Verdad y te aseguro que no eres tú".

"Porque os digo que yo soy la misma Verdad que se os apareció en la cima de la montaña. »

"¡Estás mintiendo!" Dijo con furia. Luego sacó una foto de un niño de su bolsillo, diciendo: "¡Contemplen la verdad! No es nada como tú. Eres una mujer y la Verdad es un niño. "

Se levantó, entristecida. Antes de irse, ella fijó sus ojos en él y dijo:

"Espero que un día puedas entender, peregrino de ojos ciegos y mente cristalizada, que cada niño se convierte en adulto un día, y así es con la Verdad."


Del libro Reflexiones Espirituales para una Nueva Tierra
https://www.pedroelias.org/es/libros

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